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Cada-Momento

Hay tantas cosas por segundo...

Hay tantas cosas por segundo...

Muchas. Montones de cosas, de sonidos, de olores, de tactos, que me hacen estar permanentemente a tu lado. Se que ayer te quedaste dormido a los 3 o 4 minutos de dejar de hablar; estabas cansado y disgustado: un día de lucha directa con la vida y sus circunstancias agota a cualquiera. Y, aunque no me hubiese dado tiempo a decírtelo, me dormí tocándote, como siempre.

... Y esta mañana, no se cómo ni de donde salió, por una décima de segundo la habitación olió a ti. Levanté la cabeza entre sueños aún buscando, casi olfateando por si era cierto. No; no pero sí. Tampoco es nada nuevo; si no me huele, es porque noto tu mano; si no es ambas cosas, es algo que me sigue acompañando con mariposas en el estómago e incluso tu voz, tu risa y tu mirada.

Es algo como el aroma del licor café paseando por la alameda, encontrarnos a Carlos Nuñez con "O bruxo"  y quedarnos parados delante de ambos como si mirásemos atentamente un escaparate como dos tontos. O como la sintonía de House que hace volver aquellos días en los que dejábamos los ordenadores de lado y nos íbamos ambos a ver al médico loco (reconozco que aún ahora esa musiquilla me produce un cierto desasosiego porque, aunque me reconfortaba saber que estábamos viendo lo mismo a la vez también es cierto que lo hacíamos en sitios distintos y en circunstancias muy diferentes... y aquellas circunstancias me costaron muchas lágrimas que casi siempre pagaste tú. No te merecías aquello)

Oir a Serrat o a Sabina, a Victor Manuel, Ana Belén, Proud Mary, los Pop Tops... que va! no son ellos los que cantan, es tu voz. Los calamares guisados no son más que tus calamares guisados, y los grelos huelen a tu casa estén donde estén. El frío y la lluvia me saben a sofá, entrelazadas las piernas de los dos, viendo alguna película, y a piel tibia. La noche, cada una de ellas, es como caricias en la espalda y abrazos, y mucho calor después, mucho. Y sed a destiempo corriendo por el pasillo muertos de frío y entre risas.

Ir al super. Todo un lineal lleno de Kas y Fanta, y después el chocolate, los pistachos y los cacahuetes: las "chuches". Mirar sistemáticamente el lugar de desodorantes y colonias por si en algún momento mágico aparece la que te gusta y nunca encuentras (y dices aquello de: " no puedo entender por qué hacen esto; ni que fuese yo el único en el mundo que lo compra! A mi me gusta como huele."... y a mi, huele a ti). Las camisas de rebajas en el centro comercial, buscando las tallas cada uno por una esquina y levantando alguna de vez en cuando como un trofeo, a toda prisa, eso sí, porque siempre hay mucha gente y no nos gusta mucho; no nos gusta nada.

Pero nada de esto son recuerdos, como nada de esto es un error.  Los recuerdos son puntitos en la pequeña historia de cada uno que se guardan y se traen al presente algunas veces; pero todo esto son mi vida. Hasta el llorar (tu, yo, ambos) cuando no pudimos evitarlo es mi vida. Y reir. Dormir una siesta, jugar al golf, la música, cocinar, acostarnos y levantarnos con los pelos de locos, las compras, todas las duchas, los recuerdos (que no son estos, son otros), las niñas y los niños (Londres, Lugo, el instituto y el colegio); las cenas fuera (aunque sean con anguilas), los gritos de la calle de la gente que va a los botellones, que va y después vuelve, claro. Pasar casi de madrugada de vuelta a casa por medio de las palmeras con el silencio absoluto de la noche que hace dormir a todos los estorninos y solo canta el agua del estanque...

No hay nada ya, desde hace mucho, en lo que tú no estés.

Ya duermes

Ya duermes

Se acabó el 25 de abril. Querías levantar una copa de oporto esta tarde, cansado como estabas después de casi dos días sin dormir, y yo quería brindar contigo por ellos mientras cantaba desde tu ordenador Zeca Afonso y nos contabas esa revolución de música y claveles.

Sí, levantamos la copa por la caída de cualquier dictadura, pero creo que hoy, como cada 25 de abril, tú mandas tu corazón a saludar a los amigos que dejaste allí. Porque ¿sabes? creo que la raza humana desde que está sobre esta Tierra nuestra ha sido capaz de soportarlo todo; y ha podido vencer, saltar, sortear e incluso evadirse de todo aquello que impidió dar un paso más... por superación, por afan de poder o de libertad, por las meras ansias de sobrevivir. Hemos podido sin fuego, con hambre, sin agua, con guerras, sin libertad, con miedo. Lo único que nadie puede superar es la falta de cariño, el que no haya quien nos de un abrazo. Por eso, por ellos, que estuvieron allí a tu lado y para los que solo he oido de tus labios palabras buenas, yo brindo hoy (y valga la intención) con una cerveza a falta de oporto. Suenan fados mientras escribo; fados que son como tangos pero escritos con tinta de lágrimas con sal marina.

Y, mira, al volver esta tarde a casa pasé por la librería. Él, que me va conociendo, sabe que soy fácil de tentar con buenos libros y me ofreció el primer volumen de una colección nueva acerca de la Guerra Civil; estuvimos charlando un rato sobre eso, es una parte de la historia de nuestra España tan cercana y tan aterradora que me revuelve las entrañas el solo hecho de tener papel en las manos que hable de ella. Creo, y así se lo dije, que aún no estamos en situación de objetivizar lo suficiente todo lo sucedido; creo que han sido ya muchos los relatos de mi propia familia, cada uno en uno de los lados (lados de colores ¡qué ironía!) como para ser capaz de leer sin ver a mis abuelos y a sus dos hijos vivos enterrando a sus gemelas de pocos meses lejos de su casa mientras caía metralla por todas partes.

No es cuestión de llorarle al librero las penas de los mayores; así que, al fin, me limité a sonreirle y le dije: "me la leeré dentro de cien años, cuando el que la escriba  ya no tenga fresco en la mente el dolor por algún ser querido enterrado". Él me contestó: "me lo apunto para vendértelo sobre esas fechas... firmaba ahora mismo por llegar allí".

Eso aún dió mucho más de si. Vivir 100 o 150 años, volver a los 18 sabiendo lo que sabemos ahora para no tropezar de nuevo en los mismos errores... ¿seguro?. Uno no tiene un acccidente en una carretera por la que nunca ha ido, si no en la que conoce. Los errores ¿serán errores o serán páginas de una guía de viajes?. Pensaba en lo que tantas veces me has dicho: " Por qué no nos hemos encontrado antes"; las cosas pasan por alguna razón, y sigo creyendo que en algún momento ambos tomamos una decisión (puede que una sencilla decisión) que nos condujo, a saber cuánto tiempo más tarde, a la misma cena.

Tampoco era como para contarle al librero por qué le dije tan sumamente convencida que a mi me vale la pena llegar al día de hoy tal como he llegado. Él, por lo suyo, no parecía tenerlo muy claro; yo sí. Sin necesidad alguna de hacer comparaciones con el presunto bienestar o la mala suerte ajena, pero sin perder de vista ninguno de los malos tragos que fueron cayendo por el camino, tú lo sabes, bendigo el día en el que alguien me hizo recitar el conjuro de la queimada en castellano y ese otro en el que Coti afirmó un millón de veces que nada de aquello era un error.

Así que creo que desde aquel día cualquier piedra que pueda caer hará menos daño si, entre los dos, brindamos con un oporto (o una cerveza) aunque no sea 25 de abril. 

Y tú, duerme, que ahora ya no tendrás frío porque voy a tu lado a abrigarte con un abrazo.

Cada momento

Cada momento

Jueves, pasa de las 10 de la mañana.

Ayer estuve pensando, mientras me dormía, que realmente el día a día nos roba el tiempo; se escapan los minutos como si no fuésemos capaces de pagar la hipoteca de vivir. Parte de ese castigo es el no poder sentarme con calma, ya cerrada la puerta del armario de los temas de trabajo, de compras, de arreglar y limpiar, de atender al teléfono... y charlar contigo.

De alguna parte tiene que poder salir un rato para, si hace falta, compartir los silencios en lugar de las palabras mientras te acaricio el cuello; o para hablar de vanalidades, o de esas cosas que nos hacen fruncir el ceño, o para saber cómo estás por dentro y si las cosas que dolían en el alma duelen menos.

Es por eso que ayer estuve pensando y creo que no debería permitir que todas esas cosas que a cada momento quiero compartir contigo se me quedasen  mezcladas unas con otras (como las migas de los restos de la merienda de un niño en el bolsillo de su mandilón) porque perderán el sabor y se podrán rancias; y después, cuando quiera recogerlas, el tiempo me reclamará la falta de precaución.

Tengo que confesar que, aunque en más de una ocasión (creo que como todos los de nuestra generación hemos sufrido) alguien nos regaló el clásico "Mi Diario" con su forro en polipiel y su candadito, nunca tuve la necesidad de escribir cosas así porque auto-recordarme sensaciones o sentimientos no era necesario. Ahora no lo es tampoco en sí mismo, no es eso lo que quiero.  Se trata de que no me resulta posible levantarme cada mañana y ponerme a funcionar de manera independiente de ti; no es pretender que dos seamos uno solo: es que dos seamos dos, pero de la mano; ni es ir yo contigo o tú conmigo: es ir juntos.

Ya te lo he dicho muchas veces en estos años, y te lo dije también ayer: no consigo concebir la vida sin tí. En 24 horas de cada día pasan tantas cosas, pensamos tantas otras, vemos tantas... lloramos, reimos, pensamos, dormitamos, corremos, hacemos y deshacemos, decidimos... Te regalo, quiero que tengas contigo, todo aquello que continúa haciéndome lo que soy, lo que tú conoces tan bien.

Cada momento, aunque sea en silencio, pero acariciándote.